“En la posguerra comíamos gatos y estamos a punto de empezar a volver a hacerlo” digo, como título

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jueves, 23 de julio de 2015

Que tú eres nada






Que tú eres nadie, nada.

Tengo que buscar, dame
un abrazo,
dame tu mano,
no queda el olor de tu sombra
-brote de locos, alma de nudo,
corazón-
y tantos gritos -lo sé-
y tantos miedos -claro que lo sé-
y en la garganta una enredadera
y en las costillas un enjambre de abejas,
ese panel que nos separa.

Cultivando el no -ahora no,
no me mires, ya no,
no me alcanzas,
ya nunca-.

No habites,
maquilla la habitación de recuerdo,
y ya no hay nada
y no eres nadie.

lunes, 11 de mayo de 2015

Quisiera escribir otra cosa, quisiera escribir raíz, nacimiento, vida.

El aire está enrarecido,
el aire anuncia,
el vuelo horizontal de las hojas en otoño
parece adueñarse de esta primavera que ya acaba.

El aire anuncia
la pérdida de tus posesiones,
éstas son poca cosa,
pero cosa imprescindible:
el derecho a perderse,
a andar sin límites,
a andar
de otra manera que no sea en círculo,
a andar.

El derecho a una respiración libre,
a ser inapetente,
poder arrojarse sin la mirada en la espalda,
poder arrojarse
y no esperar.

No puedo entender la finalidad,
no puedo entender apenas
por qué sucede el desgarro,
por qué la ausencia
-y esta especie de muerte adelantada,
esta condena-.

El aire está enrarecido,
el aire anuncia
el futuro de amarillo podredumbre,
la saliva, enfermedad,
la enormidad de estos días,
la enormidad,
y no hay quien me auxilie,
y no hay manera de rescatarte
y construir
y construirnos
la huida.

Sólo, de nuevo y solamente
el estreno de la herida,
el campo agreste
y esta distancia
que ya empieza.

viernes, 3 de abril de 2015

La cárcel, mamá, la cárcel.





Ocurre que llegan las hienas por las noches
hambrientas de tu sangre,
ocurre que te buscan y las sigo agazapada y te buscan.
Las sigo siendo sombra, silueta, puñal, cuchillo,
no puedo limpiar las rodillas sucias de buscarte.
Hay cien mil nudos cerrando las pestañas,
hay un silencio hondo,
no puedo abrir los ojos,
no puedo abrir
las manos,
no puedo.
Cien mil escaleras frente al muro,
regalarte las ventanas sin barrotes, devolverte
la horizontal
a los ojos
el horizonte
a la vida.
Llamarte mamá, llamarte y no pensar cáncer ni cárcel ni huida
y no pensar.
Sólo tus ojos
con el derecho
al horizonte.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Lugares sin lugar para la vida.






I

El corazón estriado
envejecido con un latido arrítmico
desvalijado de hogar,
escarcha en los muebles rotos, los muebles sin cajones
estructuras inertes bajo la ruina.
Todo comenzó con las grietas en las manos,
las ramas creciéndonos grises,
ramas sin huésped,
los colores de las telas creando falsas paredes,
la ponzoña y el monstruo que mastica cristales rotos
que se clavan en la planta de los pies de nuestros niños sucios.

II
(...) las madres toman la fiebre en las manos(...)
Juan Carlos Mestre
El hombre tiembla, bebe, escoge y sin embargo
se llena las manos de tierra gris y en ella proclama su propiedad
escinde la tierra de la tierra
la delimita
como parte y corta su pensamiento.
Existen hombres que no poseen más que la vida y sin embargo
la llenan de cánticos, colores,
encienden las hogueras y se reúnen.
Hay madres que recogen con sus manos
las dudas de sus hijos,
sus llantos amenazados por el frío.
Hay personas sin casas, se vuelven invisibles, casi siempre las olvidamos.
Y existe esta enfermedad amarilla de tono insuficiente,
este hígado enfermo, estas paredes muertas y sin embargo
las estaciones se suceden.


III.
Las ratas olvidan un suave domicilio. 

Se esconden, las ratas sin memoria , su rabo rosa de piel tímida.
Roen cañerías, son lo inferior
de la casa, son lo inferior del cimiento, suministro de enfermedad.

Las ratas no presumidas, sin botones
sólo sus ojos rápidos, negros, vengativos.
Sólo su vocación de asco.


Las ratas huelen a amarillo de hospital de periferia,
a alcohol trasnochado, a agua de alcantarilla

lunes, 6 de octubre de 2014

Clara



amarillo cansancio. Amarillo hiena

Voy a escribir sin escribir. Voy a ser torrente sin forma. Voy a decir ventrílocuo de ciervos, cornamenta, olor a pino, voy a decir ninguna cosa, altisonante, amorfa, silencio estrepitoso. Voy a escribir porque no puedo volar, porque he olvidado volar y andar no es suficiente. Andar es coleccionar pisadas, una tras otra, recorrer los mismos tramos, ver a otra gente. Dónde va esa otra gente, cuál es su conversación, acaso sufren de silencio. Voy a confesar esta debilidad de lunes, de toda la semana por delante y tanto tiempo. Esta amalgama de muros que crecen cada vez más alto, está cárcel en el pecho, este sabor a gris y a ceniza, esta luz tamizada de otra tierra. Esta luz insuficiente de la meseta, este amarillo caído de pigmento, voy solo a llenar espacio porque ella me ha dicho que escriba. Ella es sabia e importante y quiere que llene las líneas, cree que puedo aprender de nuevo el vuelo. Mientras observo la sombra oscura de los pájaros, como se posan entre la hoja caída y se confunde el remolino y ahora son hoja y ya no pájaro, crujiendo. Dónde pasan las formas a deformarse, todo es un tránsito hacia otra cosa, mis manos son excusa de movimiento, este escrito es también una disculpa, disculpa por esta época estéril que crece en espiral, este hambre de vacío que lo devora todo. La mente adormilada, las manos despiertas, este contraste de sin sentido. Elegir un color para ensuciarlo de matices, para llenarlo de otro y tener ya otro nombre, esa es la mezcla. Coger la mañana y hacer de ella tarde, adelantar la hora de la comida a hace tres días, mantener el caldo a la temperatura justa para comerlo. Admitir que las horas se condensan en miedo, en pérdida, saber que retrocedo. Crear un decálogo de la queja, construirla y hacer de ella un arte, la queja cada vez más cerca de la podredumbre, de la ponzoña. Elevar el yo por encima de lo otro, carecer de lo otro por estar enferma de una misma. El otoño sucediendo indiferente, la mañana más fría. He perdido los zapatos y estoy sucia. Ando descalza por el descampado de un mayo anterior a todo esto, el cielo luce azul y se agarra la herida. Los insectos crean círculos alrededor del cuerpo. Estoy sucia y la suciedad no desaparece por mucho que me apriete, quiero decir cornamenta y ciervo, quiero el olor a pino, andar con las manos, desdecir el cuerpo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Esta tierra muerta.


Existe la tierra firme y luego esta otra que nos crece bajo los pies. Esta tierra movediza de la incógnita, toda creciendo a la vez que nos crece el llanto, que se hace rojo con la intensidad de toda la sangre, color rojo amapola encendido. Con la locura que tiñe el sueño no deseado, rojo párpado apretado. Existe esta tierra otra, crecida sobre el cuerpo, tejiéndonos los músculos. De espera anunciada, de otoño adelantado. Esta tierra única que vive eternamente y nace cada día. Esta humedad que sube las paredes y va ahuecando de amarillo hasta el espejo, que crece amarillo debajo de la piel y lo enferma todo. Las mañanas se vuelven de madera con la opacidad que encierra el desentendimiento. No comprender el ritmo del latido y sin embargo el latido, indiferente. La pelea en la sombra del ánimo, las formas renovadas que nos suenan. Avanzar en círculos, circular estático y luego este infinito tan escaso. Esta esterilidad sembrada que crece con la blancura azul de un químico. Este azul saturado, esta sangre equivocada que lo tiñe todo. Este blanco inmenso. Esta suciedad de blanco, este amarillo de nuevo. Esta inmensidad creciendo en gris, crecimiento de ceniza. Existe la tierra firme y luego esta otra que se está acabando.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Vuelve la palabra cáncer

Recogemos la palabra cáncer con la imposibilidad en las manos, 
recogemos el color amarillo y el derrumbe, 
asistimos de nuevo a la palabra cáncer
que crece en el pecho y se propaga.
Recogemos la palabra enfermo
y no sabemos cómo guardarnos de ella, 
es una palabra que crece y tiñe la rutina de otra cosa.
Recogemos la palabra náusea y la palabra cáncer
que en realidad nos recogen y nos habitan
y crece la palabra muerte y su posible
y crece la historia interrumpida.
Recogemos la palabra vida y no sabemos
dónde colocarla ahora.

viernes, 29 de agosto de 2014


Ombligos arrastran penas olvidados
primeros lugares con su forma invoca abismo.
Decir ombligo es decir madre y dar asiento
es decir infancia
como tomar el recuerdo con la boca abierta
como cuando tragas agua
fuera y dentro.
Decir ombligo es tocar misterio,
tejer fotos de un álbum común donde ser cualquier recién nacido,
saberse ya suceso.
Tocar el suceder, tocar ombligo
es nunca volver a casa estando dentro

miércoles, 27 de agosto de 2014

Hoy es miércoles 27 de agosto. Se anuncia ya en la calle la caída adelantada de la hoja.





Después de tanto para nada, abandonan los pasos de ayer
las ganas de mañana
desciende el canto vitrificado de algún hastío.
Después de tanto para nada aún hay tanto más
para la espera, esperar no se espera naturalmente calmado
se vician los tiempos de anclas en la garganta
de colecciones de monumentos eternos, de las teclas desarmadas
para nuestra lucha conjunta frente a todos los conceptos,
lentas de ánimo padecen las conciencias la exhumación del amarillo,
la hache que no intercala en tus huidas nuevas oportunidades
después de tanto para nada, nada para tanta necesidad de algo
aún hay tanto o más aún hay todo, sólo necesitas el hambre necesario
el apetito que te lleve a abrir la boca y avanzar a dentelladas

después de nada.

sábado, 16 de agosto de 2014

Creo que tengo frío creciéndome en las entrañas, me pregunto de que color pinta el hielo este encogerse de dolor, este miedo de abrir los ojos y encontrarme conmigo. Creo que tengo miedo y es frío y crece y cristaliza y a veces salen llantos que están muy fríos y a veces tirito y es agosto


Aquí está la casa donde fuimos
algo más que una casa, otra cosa
que despertaba al aire en el pasillo
que sentaba la silla en su respaldo.
Aquí, en esta foto, está esa casa
donde fuimos un círculo desecho
pero circular al fin y al cabo, la casa
donde se tejieron mañanas de lectura
y nocturnidades con cuerdas de guitarra.
Aquí está el recuerdo desinfectado del dolor de entonces
del hedor a viejo obligatorio, del pasar
indemne del pasar indemne del recuerdo
del recuerdo de ninguna
casa, de esa otra casa.


II


Hay arquitecturas silentes llenas de gritos
que suenan como intuiciones para los cuerdos,
espacios hechos de escala, calculados
para un tiempo donde nada discurre,
sólo continúan pasos de sordos,
mudos de vejez anticipada,
aguas de nadie, enfermos sin ojales para cerrar su casa
para guardar su hoguera.
Acudimos llamados por la prisa
a ninguna parte
y luego nos asusta el silencio que hemos reclamado
pacientemente.