“En la posguerra comíamos gatos y estamos a punto de empezar a volver a hacerlo” digo, como título

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miércoles, 2 de septiembre de 2015

No hay reguladores de ánimo entre mis huesos


Stefan Thompson

Hay errores que pueden matarte las distancias.
Condenarte.
La virtud está en recorrer las distancias, aún sin el cuerpo.
Conservar la resonancia de la palabra, aún en silencio.
La muerte adelantada, el pánico real, es la imposibilidad de la conciencia, el desarraigo absoluto, así pueda el cuerpo correr sin agotarse.
La palabra sucediendo indiferente, como ladrido, como ladrido ajeno.

viernes, 24 de julio de 2015

He probado a escribir y no he escrito nada.


Fotografía de Abel Azcona


He probado a escribir miedo en el vientre.
Se ha tejido un enjambre en mi memoria.
He probado a mirar blanco,
a correr gris,
a esconderme amarilla en las paredes de antes.
He probado a escribir miedo en el vientre,
he probado a escribir muerte en el miedo,
muerte en el vientre,
miedo de vientre.
He probado a escribir y no he oído nada.
He probado a mirar y sólo niebla.
He probado a sentir y ya no tenía brazos, y ya no tenía ojos
y ya no tenía
cuerpo, ni boca,
muerta la garganta y sólo quedaba el vientre,
vientre de nadie,
vientre de no.

jueves, 23 de julio de 2015

Que tú eres nada






Que tú eres nadie, nada.

Tengo que buscar, dame
un abrazo,
dame tu mano,
no queda el olor de tu sombra
-brote de locos, alma de nudo,
corazón-
y tantos gritos -lo sé-
y tantos miedos -claro que lo sé-
y en la garganta una enredadera
y en las costillas un enjambre de abejas,
ese panel que nos separa.

Cultivando el no -ahora no,
no me mires, ya no,
no me alcanzas,
ya nunca-.

No habites,
maquilla la habitación de recuerdo,
y ya no hay nada
y no eres nadie.

lunes, 11 de mayo de 2015

Quisiera escribir otra cosa, quisiera escribir raíz, nacimiento, vida.

El aire está enrarecido,
el aire anuncia,
el vuelo horizontal de las hojas en otoño
parece adueñarse de esta primavera que ya acaba.

El aire anuncia
la pérdida de tus posesiones,
éstas son poca cosa,
pero cosa imprescindible:
el derecho a perderse,
a andar sin límites,
a andar
de otra manera que no sea en círculo,
a andar.

El derecho a una respiración libre,
a ser inapetente,
poder arrojarse sin la mirada en la espalda,
poder arrojarse
y no esperar.

No puedo entender la finalidad,
no puedo entender apenas
por qué sucede el desgarro,
por qué la ausencia
-y esta especie de muerte adelantada,
esta condena-.

El aire está enrarecido,
el aire anuncia
el futuro de amarillo podredumbre,
la saliva, enfermedad,
la enormidad de estos días,
la enormidad,
y no hay quien me auxilie,
y no hay manera de rescatarte
y construir
y construirnos
la huida.

Sólo, de nuevo y solamente
el estreno de la herida,
el campo agreste
y esta distancia
que ya empieza.

viernes, 3 de abril de 2015

La cárcel, mamá, la cárcel.





Ocurre que llegan las hienas por las noches
hambrientas de tu sangre,
ocurre que te buscan y las sigo agazapada y te buscan.
Las sigo siendo sombra, silueta, puñal, cuchillo,
no puedo limpiar las rodillas sucias de buscarte.
Hay cien mil nudos cerrando las pestañas,
hay un silencio hondo,
no puedo abrir los ojos,
no puedo abrir
las manos,
no puedo.
Cien mil escaleras frente al muro,
regalarte las ventanas sin barrotes, devolverte
la horizontal
a los ojos
el horizonte
a la vida.
Llamarte mamá, llamarte y no pensar cáncer ni cárcel ni huida
y no pensar.
Sólo tus ojos
con el derecho
al horizonte.

domingo, 22 de febrero de 2015

Hay un tiempo de madera que crece en círculos concéntricos,
y duele
el intenso deseo de quedarse aquí,
en este tiempo de olor y ramas,
en esta niebla que juega a dibujar a capricho algunas formas
y disuelve otras en su espesura,
se puede adivinar,
se debe,
la arquitectura del silencio
en este tiempo gris de ojos cerrados

viernes, 6 de febrero de 2015


No tengo recuerdos de mi casa,
sólo tengo recuerdos de mi ausencia de casa.
Dónde está el lugar para esconderse,
mi memoria guarda incendios de días olvidados,
mi memoria guarda trescientos abecedarios y un palabra que se repite:
casa,
casa o ausencia de casa.
Sueño inmensas escaleras que abren puertas para esconderse de los colores,
para cerrar los ojos ante la luz continua que lo quema todo.
Tengo un arañazo en el vientre,
tengo un arañazo que indica la abertura a lo imposible,
me araño cuando el No lo llena todo
para encontrar una respuesta dentro,
pero no hay nada,
queda el espejo vacío que me refleja arañándome,
quedan los dientes apretados,
algo de sangre
en la comisura
de los labios.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Hace mucho frío en esta casa

Amanecemos creciendo un equilibrio de silencios,
hay que tener cuidado de no despertar al gato, 
ayer estuvo llorando desde que mamá se fue.
Hace mucho frío por su ausencia, 
hace tanto frío en esta casa
como si se hubiera vuelto transparente
¿sabes?
como si se hubiera vuelto transparente
y no hubiera muros para los secretos.
Nos hemos roto por tantos sitios
que no sabemos componer este cuerpo
que ya no existe.

domingo, 28 de diciembre de 2014

y apenas es diciembre

Estoy mudando la risa
ahora es otra cosa
un silencio muerto,
mientras se muerden mis tripas
y pienso en la renuncia.
Estoy mudando la casa
y pienso sus muros
mientras caen los cristales sobre la mesa
y sonríen los gatos
y apenas es diciembre
y todavía no nieva

martes, 16 de diciembre de 2014

Y resistimos




Viajamos a través de la enfermedad 
y resistimos 
no conocemos el límite del cuerpo ante el dolor
sólo sospechamos el abrazo a la vida
el miedo que nos lleva a existir
por encima de todo.
Nos vestimos ordenadamente y salimos al mundo,
protegiendo el desnudo que compartimos
nos cuidamos las espaldas de los cuchillos.
No conocemos el límite del cuerpo ante el placer
sólo lo sospechamos.
No conocemos prácticamente nada y sin embargo
nos levantamos,
abrimos la puerta,
salimos,
sin conocer ni conocernos.
Los cartílagos cumplen su función
la traquea traga múltiples soledades
circula la sangre vieja y nueva
y nos desangramos de lágrima y frío gris
y nos amamos los veranos, las primaveras,
pero no conocemos casi nada,
hacemos lo que podemos.
No quiero irme.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Lugares sin lugar para la vida.






I

El corazón estriado
envejecido con un latido arrítmico
desvalijado de hogar,
escarcha en los muebles rotos, los muebles sin cajones
estructuras inertes bajo la ruina.
Todo comenzó con las grietas en las manos,
las ramas creciéndonos grises,
ramas sin huésped,
los colores de las telas creando falsas paredes,
la ponzoña y el monstruo que mastica cristales rotos
que se clavan en la planta de los pies de nuestros niños sucios.

II
(...) las madres toman la fiebre en las manos(...)
Juan Carlos Mestre
El hombre tiembla, bebe, escoge y sin embargo
se llena las manos de tierra gris y en ella proclama su propiedad
escinde la tierra de la tierra
la delimita
como parte y corta su pensamiento.
Existen hombres que no poseen más que la vida y sin embargo
la llenan de cánticos, colores,
encienden las hogueras y se reúnen.
Hay madres que recogen con sus manos
las dudas de sus hijos,
sus llantos amenazados por el frío.
Hay personas sin casas, se vuelven invisibles, casi siempre las olvidamos.
Y existe esta enfermedad amarilla de tono insuficiente,
este hígado enfermo, estas paredes muertas y sin embargo
las estaciones se suceden.


III.
Las ratas olvidan un suave domicilio. 

Se esconden, las ratas sin memoria , su rabo rosa de piel tímida.
Roen cañerías, son lo inferior
de la casa, son lo inferior del cimiento, suministro de enfermedad.

Las ratas no presumidas, sin botones
sólo sus ojos rápidos, negros, vengativos.
Sólo su vocación de asco.


Las ratas huelen a amarillo de hospital de periferia,
a alcohol trasnochado, a agua de alcantarilla

lunes, 6 de octubre de 2014

Clara



amarillo cansancio. Amarillo hiena

Voy a escribir sin escribir. Voy a ser torrente sin forma. Voy a decir ventrílocuo de ciervos, cornamenta, olor a pino, voy a decir ninguna cosa, altisonante, amorfa, silencio estrepitoso. Voy a escribir porque no puedo volar, porque he olvidado volar y andar no es suficiente. Andar es coleccionar pisadas, una tras otra, recorrer los mismos tramos, ver a otra gente. Dónde va esa otra gente, cuál es su conversación, acaso sufren de silencio. Voy a confesar esta debilidad de lunes, de toda la semana por delante y tanto tiempo. Esta amalgama de muros que crecen cada vez más alto, está cárcel en el pecho, este sabor a gris y a ceniza, esta luz tamizada de otra tierra. Esta luz insuficiente de la meseta, este amarillo caído de pigmento, voy solo a llenar espacio porque ella me ha dicho que escriba. Ella es sabia e importante y quiere que llene las líneas, cree que puedo aprender de nuevo el vuelo. Mientras observo la sombra oscura de los pájaros, como se posan entre la hoja caída y se confunde el remolino y ahora son hoja y ya no pájaro, crujiendo. Dónde pasan las formas a deformarse, todo es un tránsito hacia otra cosa, mis manos son excusa de movimiento, este escrito es también una disculpa, disculpa por esta época estéril que crece en espiral, este hambre de vacío que lo devora todo. La mente adormilada, las manos despiertas, este contraste de sin sentido. Elegir un color para ensuciarlo de matices, para llenarlo de otro y tener ya otro nombre, esa es la mezcla. Coger la mañana y hacer de ella tarde, adelantar la hora de la comida a hace tres días, mantener el caldo a la temperatura justa para comerlo. Admitir que las horas se condensan en miedo, en pérdida, saber que retrocedo. Crear un decálogo de la queja, construirla y hacer de ella un arte, la queja cada vez más cerca de la podredumbre, de la ponzoña. Elevar el yo por encima de lo otro, carecer de lo otro por estar enferma de una misma. El otoño sucediendo indiferente, la mañana más fría. He perdido los zapatos y estoy sucia. Ando descalza por el descampado de un mayo anterior a todo esto, el cielo luce azul y se agarra la herida. Los insectos crean círculos alrededor del cuerpo. Estoy sucia y la suciedad no desaparece por mucho que me apriete, quiero decir cornamenta y ciervo, quiero el olor a pino, andar con las manos, desdecir el cuerpo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Esta tierra muerta.


Existe la tierra firme y luego esta otra que nos crece bajo los pies. Esta tierra movediza de la incógnita, toda creciendo a la vez que nos crece el llanto, que se hace rojo con la intensidad de toda la sangre, color rojo amapola encendido. Con la locura que tiñe el sueño no deseado, rojo párpado apretado. Existe esta tierra otra, crecida sobre el cuerpo, tejiéndonos los músculos. De espera anunciada, de otoño adelantado. Esta tierra única que vive eternamente y nace cada día. Esta humedad que sube las paredes y va ahuecando de amarillo hasta el espejo, que crece amarillo debajo de la piel y lo enferma todo. Las mañanas se vuelven de madera con la opacidad que encierra el desentendimiento. No comprender el ritmo del latido y sin embargo el latido, indiferente. La pelea en la sombra del ánimo, las formas renovadas que nos suenan. Avanzar en círculos, circular estático y luego este infinito tan escaso. Esta esterilidad sembrada que crece con la blancura azul de un químico. Este azul saturado, esta sangre equivocada que lo tiñe todo. Este blanco inmenso. Esta suciedad de blanco, este amarillo de nuevo. Esta inmensidad creciendo en gris, crecimiento de ceniza. Existe la tierra firme y luego esta otra que se está acabando.

martes, 2 de septiembre de 2014

He oído que hay niños que viven la cárcel sin conocer la cárcel.

Piranesi, grabado



He oído que hay niños que viven la cárcel sin conocer la cárcel. Que la intención y el autoengaño los sobrevive, que cuando oyen la palabra reclusa y comienzan a desperezar las letras para formar la palabra penitenciario aún quieren creer que viven una historia diferente. Quiero pensar qué viven realmente esos niños, si salen correteando como a un parque alejado y lleno de detectores de huellas dactilares, dime niño si puedes con tu ansia circular de vida llenar una habitación de visitas de historias del viejo ártico, dime cómo puedes creer que eso es un médico especial, dime niño como puedes aún sonreír, siendo tan viejo.

Qué es una reja para ti, si es tu costumbre. Visitar a tu padre o a tu hermano, visitar a tu madre sin tocarla, comenzar a decir abrazo sin dar abrazo, comenzar a bailar para ellos y su sonrisa, de dónde sacas la fuerza para sostenerte en los engaños. Cuando vuelves a  casa y ya no están ellos, por qué han elegido ese sitio de verjas te preguntas, de puertas enormes que no se abren,  dónde quedan los otros niños que te cruzas, cuál es ese lugar donde lloran los adultos sin quererlo. Por qué debes esperar junto con otros, a que se abra la puerta en el horario de visitas, ponerte serio, cogerle la mano a tu hermano, que ya eres mayor, haz que se note.

Dime cuándo se te volvió el rostro color amarillo macilento, cuándo aprendiste a guardarte la náusea para el recreo, cuándo comenzaste a sustituir la risa por un silencio de muerto.
De esa inyección de mentira vive el padre, esa inyección de contradicciones forma al hijo, mientras el tiempo pasa demoliendo los años, y el niño se hace grande y el centro de trabajo no puede ser ya más un centro de trabajo, la excursión ya no puede mantenerte inmerso en la alegría, las vallas crecen por tres veces tu tamaño, y ahora las distancias cobran significados, los funcionarios te han visto crecer y en cambio, parece que nunca te hubieran visto.

Dime hijo de cárcel cómo se lleva nacer con el corazón pleno de instancias, oír la palabra permiso sin ser tú el castigado, la dosificación de los abrazos, la manera de crecerte a distancia de la sombra de tus padres. 

Niño que no eres huérfano ni eres tú deudor de nada. Cómo crecer con el hueco entre los sábados, como aguantar el domingo sin llenarte las manos a cabezazos. Mantener un juguete sin morder, mantenerte de pie, cada mañana. Ir al colegio, volver.

Y cómo es la cárcel desde dentro del interior de tu madre, cómo sin la calidez del hogar, acaso es hogar la cárcel cuando lo habitan los embarazos, se vuelve suave el aire, se redondean las aristas del rostro, contagias niño sin haber nacido ya, la ilusión de lo nuevo, la esperanza de lo otro, la conciencia de la vida por encima del encierro, bajo el cielo de todos.  Dime niño que creces cómo puedes seguir haciéndolo, dónde dejas las raíces, dime que puedes volar al menos, de habitación al patio, del patio hacia el extranjero, dime. Dime niño de hierro.


He oído también que naces con el número de pañales racionados. Ni uno más ni uno menos. ¿Aprendes a adaptar tu mierda al presupuesto?

viernes, 29 de agosto de 2014


Ombligos arrastran penas olvidados
primeros lugares con su forma invoca abismo.
Decir ombligo es decir madre y dar asiento
es decir infancia
como tomar el recuerdo con la boca abierta
como cuando tragas agua
fuera y dentro.
Decir ombligo es tocar misterio,
tejer fotos de un álbum común donde ser cualquier recién nacido,
saberse ya suceso.
Tocar el suceder, tocar ombligo
es nunca volver a casa estando dentro

sábado, 16 de agosto de 2014

Ellos

La palabra que contiene el diccionario es arroz y yo río con las manos llenas de sábados. Me ha dicho el camarero que los gitanos lo dejan todo muy sucio, acuden a visitar las cárceles en domingo, se trasladan con sus bocadillos de colores primarios y la furgoneta llena de normalidad porque han nacido en las cárceles y llevan enfrentando las verdades entre traslados desde antes de inventar el viaje, desde antes de traer la siembra. Yo los miro asombrada porque tienen ese corazón hecho de ramas donde nacen y llueven familias enteras y lo desmontan todo con la felicidad de la costumbre bien hecha, con la facilidad de desenvolverse en un mundo lleno de polvo y hacer sonar el pecho tres veces por encima de mi oído, y mi oído lo oye prácticamente todo y clava sus llantos en mi memoria y lloro ya avergonzada de mi estruendo de principiante y siento que qué derecho tengo a llorar si mi familia me cabe en la palma de una mano y entonces entiendo que la mano se fractura constantemente y me crecen hijos de confianza que luego me traicionan y vuelvo a no entender nada. Que manchan mucho y lo ensucian todo y luego nada se beben, pasan como un torbellino de ruedas desdentadas, trafican antes de entrar para ver al último que pasa allí sus noches y como lloran, que lo oigo todavía y pongo un río de trenes sonando al mismo tiempo, pero como lloran, enteros. Se desnudan y tienen todos una sonrisa desencajada. Se ríen y se lloran al mismo tiempo y yo me siento y los cuento pero siempre aparece uno nuevo tras la esquina y ni contabilizarlos puedo y ellas son tan grandes y tan pequeñas y llevan el extranjero reducido en sus pendientes y andan con paso lento y el miedo se va tiñendo.

Creo que tengo frío creciéndome en las entrañas, me pregunto de que color pinta el hielo este encogerse de dolor, este miedo de abrir los ojos y encontrarme conmigo. Creo que tengo miedo y es frío y crece y cristaliza y a veces salen llantos que están muy fríos y a veces tirito y es agosto


Aquí está la casa donde fuimos
algo más que una casa, otra cosa
que despertaba al aire en el pasillo
que sentaba la silla en su respaldo.
Aquí, en esta foto, está esa casa
donde fuimos un círculo desecho
pero circular al fin y al cabo, la casa
donde se tejieron mañanas de lectura
y nocturnidades con cuerdas de guitarra.
Aquí está el recuerdo desinfectado del dolor de entonces
del hedor a viejo obligatorio, del pasar
indemne del pasar indemne del recuerdo
del recuerdo de ninguna
casa, de esa otra casa.


II


Hay arquitecturas silentes llenas de gritos
que suenan como intuiciones para los cuerdos,
espacios hechos de escala, calculados
para un tiempo donde nada discurre,
sólo continúan pasos de sordos,
mudos de vejez anticipada,
aguas de nadie, enfermos sin ojales para cerrar su casa
para guardar su hoguera.
Acudimos llamados por la prisa
a ninguna parte
y luego nos asusta el silencio que hemos reclamado
pacientemente.