“En la posguerra comíamos gatos y estamos a punto de empezar a volver a hacerlo” digo, como título

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sábado, 5 de diciembre de 2015







hugoIA


Hay distintas maneras de mirar, de hablar, de organizar la espera y el sonido.
En un call center se trabaja con esta materia, la espera, el oído, los ojos: mirar, hablar, callar.
Hay distintas posturas de espera, ¡hay tantas posturas de escucha!
Silencios inmóviles.
Silencios tan plagados de movimiento como una cama llena de chinches.

Seis horas fijos, seis horas siendo oído, ojo, percusión sin música de teclado- seis horas-, extensión de aburrimiento.
Distintas personas cercan distintos sucesos, se unen voces en distancia en el espacio físico de un cubículo que no cumple la normativa laboral.

Está Hugo.
Hugo está en el call, que suena tan parecido a cole que es colegio al fin y al cubo.
Los gestos de espera de Hugo juegan, él siendo él mismo, juega.
La frustración pasa por la resignación y la costumbre,
Tiene el cuerpo y la vida hecha a ello. Llena los carrillos de aire y a veces se le puede ver un puchero –llega a él el niño aburrido, hambriento de colores que silencia cada mañana-.
Cuando atiende y habla y escucha y es sonido- con las manos apresando el viento y los ojos abiertos,  su velocidad de ahogo- lee- atropellando comas, sílabas y aliento-, leyes de protección de datos.

…para ejercer sus derechos de acceso, reclamación, cancelación y oposición puede dirigirse…

lunes, 11 de mayo de 2015

Quisiera escribir otra cosa, quisiera escribir raíz, nacimiento, vida.

El aire está enrarecido,
el aire anuncia,
el vuelo horizontal de las hojas en otoño
parece adueñarse de esta primavera que ya acaba.

El aire anuncia
la pérdida de tus posesiones,
éstas son poca cosa,
pero cosa imprescindible:
el derecho a perderse,
a andar sin límites,
a andar
de otra manera que no sea en círculo,
a andar.

El derecho a una respiración libre,
a ser inapetente,
poder arrojarse sin la mirada en la espalda,
poder arrojarse
y no esperar.

No puedo entender la finalidad,
no puedo entender apenas
por qué sucede el desgarro,
por qué la ausencia
-y esta especie de muerte adelantada,
esta condena-.

El aire está enrarecido,
el aire anuncia
el futuro de amarillo podredumbre,
la saliva, enfermedad,
la enormidad de estos días,
la enormidad,
y no hay quien me auxilie,
y no hay manera de rescatarte
y construir
y construirnos
la huida.

Sólo, de nuevo y solamente
el estreno de la herida,
el campo agreste
y esta distancia
que ya empieza.

viernes, 6 de febrero de 2015


No tengo recuerdos de mi casa,
sólo tengo recuerdos de mi ausencia de casa.
Dónde está el lugar para esconderse,
mi memoria guarda incendios de días olvidados,
mi memoria guarda trescientos abecedarios y un palabra que se repite:
casa,
casa o ausencia de casa.
Sueño inmensas escaleras que abren puertas para esconderse de los colores,
para cerrar los ojos ante la luz continua que lo quema todo.
Tengo un arañazo en el vientre,
tengo un arañazo que indica la abertura a lo imposible,
me araño cuando el No lo llena todo
para encontrar una respuesta dentro,
pero no hay nada,
queda el espejo vacío que me refleja arañándome,
quedan los dientes apretados,
algo de sangre
en la comisura
de los labios.

lunes, 6 de octubre de 2014

Clara



amarillo cansancio. Amarillo hiena

Voy a escribir sin escribir. Voy a ser torrente sin forma. Voy a decir ventrílocuo de ciervos, cornamenta, olor a pino, voy a decir ninguna cosa, altisonante, amorfa, silencio estrepitoso. Voy a escribir porque no puedo volar, porque he olvidado volar y andar no es suficiente. Andar es coleccionar pisadas, una tras otra, recorrer los mismos tramos, ver a otra gente. Dónde va esa otra gente, cuál es su conversación, acaso sufren de silencio. Voy a confesar esta debilidad de lunes, de toda la semana por delante y tanto tiempo. Esta amalgama de muros que crecen cada vez más alto, está cárcel en el pecho, este sabor a gris y a ceniza, esta luz tamizada de otra tierra. Esta luz insuficiente de la meseta, este amarillo caído de pigmento, voy solo a llenar espacio porque ella me ha dicho que escriba. Ella es sabia e importante y quiere que llene las líneas, cree que puedo aprender de nuevo el vuelo. Mientras observo la sombra oscura de los pájaros, como se posan entre la hoja caída y se confunde el remolino y ahora son hoja y ya no pájaro, crujiendo. Dónde pasan las formas a deformarse, todo es un tránsito hacia otra cosa, mis manos son excusa de movimiento, este escrito es también una disculpa, disculpa por esta época estéril que crece en espiral, este hambre de vacío que lo devora todo. La mente adormilada, las manos despiertas, este contraste de sin sentido. Elegir un color para ensuciarlo de matices, para llenarlo de otro y tener ya otro nombre, esa es la mezcla. Coger la mañana y hacer de ella tarde, adelantar la hora de la comida a hace tres días, mantener el caldo a la temperatura justa para comerlo. Admitir que las horas se condensan en miedo, en pérdida, saber que retrocedo. Crear un decálogo de la queja, construirla y hacer de ella un arte, la queja cada vez más cerca de la podredumbre, de la ponzoña. Elevar el yo por encima de lo otro, carecer de lo otro por estar enferma de una misma. El otoño sucediendo indiferente, la mañana más fría. He perdido los zapatos y estoy sucia. Ando descalza por el descampado de un mayo anterior a todo esto, el cielo luce azul y se agarra la herida. Los insectos crean círculos alrededor del cuerpo. Estoy sucia y la suciedad no desaparece por mucho que me apriete, quiero decir cornamenta y ciervo, quiero el olor a pino, andar con las manos, desdecir el cuerpo.

sábado, 16 de agosto de 2014

Ellos

La palabra que contiene el diccionario es arroz y yo río con las manos llenas de sábados. Me ha dicho el camarero que los gitanos lo dejan todo muy sucio, acuden a visitar las cárceles en domingo, se trasladan con sus bocadillos de colores primarios y la furgoneta llena de normalidad porque han nacido en las cárceles y llevan enfrentando las verdades entre traslados desde antes de inventar el viaje, desde antes de traer la siembra. Yo los miro asombrada porque tienen ese corazón hecho de ramas donde nacen y llueven familias enteras y lo desmontan todo con la felicidad de la costumbre bien hecha, con la facilidad de desenvolverse en un mundo lleno de polvo y hacer sonar el pecho tres veces por encima de mi oído, y mi oído lo oye prácticamente todo y clava sus llantos en mi memoria y lloro ya avergonzada de mi estruendo de principiante y siento que qué derecho tengo a llorar si mi familia me cabe en la palma de una mano y entonces entiendo que la mano se fractura constantemente y me crecen hijos de confianza que luego me traicionan y vuelvo a no entender nada. Que manchan mucho y lo ensucian todo y luego nada se beben, pasan como un torbellino de ruedas desdentadas, trafican antes de entrar para ver al último que pasa allí sus noches y como lloran, que lo oigo todavía y pongo un río de trenes sonando al mismo tiempo, pero como lloran, enteros. Se desnudan y tienen todos una sonrisa desencajada. Se ríen y se lloran al mismo tiempo y yo me siento y los cuento pero siempre aparece uno nuevo tras la esquina y ni contabilizarlos puedo y ellas son tan grandes y tan pequeñas y llevan el extranjero reducido en sus pendientes y andan con paso lento y el miedo se va tiñendo.

domingo, 20 de julio de 2014

Sobre las infografías o así me lo aprendí yo.

En principio este blog surgía con una vocación global, una posición amplia ante el mundo, llegando a tener redactadas cosas con un hilo argumental aproximadamente legible. En este caso, hablamos de las infografías, divinos tesoros visuales, y su valor mental-psicológico que nos cambiará la vida de manera inmediata si seguimos adecuadamente sus flechas y nos rendimos y hundimos en su estética fe.

Tenía yo apuntado o me decía hace un tiempo. 

Mirando infografías de redes sociales e ideas simples para estimularse cuando se está así "chuchurrío" me surgen varias cuestiones: creo que asistimos a una nueva religión, con sus predisposiciones científicas probadas y todo eso, pero... ay... vamos a ver...


1. Repitete como el chorizo picante: si repites algo mucho... repites algo mucho, pero hay que tener fe para seguir haciéndolo cuando no pasa nada, o las cosas no pasan solamente con este truco mágico.

2. Forest Gump fue el primer coach.

3. Haz todo lo que no haces: claro. Sobre todo juega a despistarte, y cambiar de camino, a molestar a tu ambiente contestando cosas no habituales, ir buscando confesiones en abuelos y niños que parece que siempre van a tener ganas de hablarte, pero eso sí: en un tiempo determinado, enloquece dentro del horario.

4. Hay que buscarse varios amigos a la otra punta del mundo: hum. Bueno, esto seguro te servirá para cuando tengas insomnio.

5. Piensa: y yo me pregunto, la gente que está pensando en pensar, ¿eso es pensar? Pienso que pienso y estoy pensando en qué pensar mientras pienso, pero se me acaba el tiempo de pensar y no sé si pensar en ello es repensar.

Ejemplo práctico: en la lista la orden siguiente: atrévete.

Haz algo que nunca has hecho. ¡Venga! Peligroso consejo, ayer conocí a un sorprendido hostelero que me comentó que un grupo de creativos decidieron usar la barra para atreverse generando una respuesta poco natural: en tres parejas de dos subieron a dicha barra, se bajaron los pantalones y, espalda con espalda, decidieron cagar en cuclillas. Luego se aplaudieron por haber cumplido tantas recomendaciones a la vez (sí, también se divirtieron y usaron un color, marrón- distintos-tonos, que no les gustaba. Luego, interpretaron las figuras identificándose con formas y creando una tipografía escatológica, muy aplaudida en la red social.)
El hombre no sabía si irse al pueblo y cerrar el bar o hacerse creativo e irles a cagar.

6. Aquí iba a decir algo más relacionado con las infografías para ser creativo o generar interacción y todas esas cosas, pero, como no he ANOTADO LA IDEA, el despiste de lo anterior me hace poner un punto final.