“En la posguerra comíamos gatos y estamos a punto de empezar a volver a hacerlo” digo, como título

“En la posguerra comíamos gatos y estamos a punto de empezar a volver a hacerlo” digo, como título

viernes, 3 de abril de 2015

La cárcel, mamá, la cárcel.





Ocurre que llegan las hienas por las noches
hambrientas de tu sangre,
ocurre que te buscan y las sigo agazapada y te buscan.
Las sigo siendo sombra, silueta, puñal, cuchillo,
no puedo limpiar las rodillas sucias de buscarte.
Hay cien mil nudos cerrando las pestañas,
hay un silencio hondo,
no puedo abrir los ojos,
no puedo abrir
las manos,
no puedo.
Cien mil escaleras frente al muro,
regalarte las ventanas sin barrotes, devolverte
la horizontal
a los ojos
el horizonte
a la vida.
Llamarte mamá, llamarte y no pensar cáncer ni cárcel ni huida
y no pensar.
Sólo tus ojos
con el derecho
al horizonte.

domingo, 29 de marzo de 2015

Aquí la luz no es justa,
no llega ni siquiera a suficiente,
es una luz inquieta,
animal,
recién nacida,
no tiene aún vocación de luz,
es un instante.
Bajo ella se insinúan los colores,
tímida parpadea, luz asustada,
aquí la luz se muere de inocencia,
deja paso a otra luz,
constante, sabia, otra
luz correcta.
Muere la luz nueva y su belleza.
Queda la mediocridad de luz, luz acostumbrada,
luz fiel, egoísta luz fiel, vendida y vieja.
A ella agradeced cada mirada.

ayuno de verbo




Precede la espera cansada,
la muchedumbre obediente realiza tres comidas al día
precede la espera de instante
de interrupción.
Nosotros no sabemos ser movimiento civilizado,
tenemos la destreza del solitario,
sombra profunda,
lejana afuera.
No distinguimos el domingo del lunes
sólo las estaciones por la presión en el pecho,
usamos palabras gastadas para generar nuevos alimentos,
desayunamos sintaxis y a veces hay
ayuno involuntario de versos.
Y entonces las horas
todas
queremos ser muchedumbre obediente,
sentarnos tres veces a la mesa.
Pero el estómago nos sobrecoge.

domingo, 22 de febrero de 2015



He soñado que tenía la boca llena de tierra,
que un ejército de caracoles me crecía en el pecho,
he soñado con una ardilla azul que se desprende del cielo y cae,
he soñado con cien manos hablándome en silencio.
Los árboles se han coloreado de arcoíris
y les brotan palabras esdrújulas con flores de diéresis.
He intentado despertar
y me he caído en un laberinto de espejos,
he vomitado luz y los reflejos han inventado figuras nuevas.
En todas las esquinas hay pájaros amarillos que colorean el sueño.
El sueño está amenazado por tormentas
y la boca sabe a tierra,
el ejército de caracoles abandona mi pecho.
Mi madre me ha soñado esta noche y por eso existo,
mi madre me sueña cada noche y por eso existo,
qué pasará con mi cuerpo cuando despierte.
Hay un tiempo de madera que crece en círculos concéntricos,
y duele
el intenso deseo de quedarse aquí,
en este tiempo de olor y ramas,
en esta niebla que juega a dibujar a capricho algunas formas
y disuelve otras en su espesura,
se puede adivinar,
se debe,
la arquitectura del silencio
en este tiempo gris de ojos cerrados

viernes, 6 de febrero de 2015


No tengo recuerdos de mi casa,
sólo tengo recuerdos de mi ausencia de casa.
Dónde está el lugar para esconderse,
mi memoria guarda incendios de días olvidados,
mi memoria guarda trescientos abecedarios y un palabra que se repite:
casa,
casa o ausencia de casa.
Sueño inmensas escaleras que abren puertas para esconderse de los colores,
para cerrar los ojos ante la luz continua que lo quema todo.
Tengo un arañazo en el vientre,
tengo un arañazo que indica la abertura a lo imposible,
me araño cuando el No lo llena todo
para encontrar una respuesta dentro,
pero no hay nada,
queda el espejo vacío que me refleja arañándome,
quedan los dientes apretados,
algo de sangre
en la comisura
de los labios.

domingo, 25 de enero de 2015

Decir marisma, mordisco, murciélago y esconderse,
los corderos se encienden los ojos negros, ojos en las noches frías, 
no entra la lluvia en esta casa,
no entra la lluvia en estos huesos jóvenes,
no hay testigos de la matanza.
Las niñas de rodillas sucias lloran en brazos de sus madres,
no existen medicinas para estas fiebres.
Decir marisma, mordisco, murciélago y esconderse.